Entradas

La Carga Viral

Imagen

No lo iba a permitir

Su corazón se encogía. La garra que lo estrujaba le impedía respirar. Una vez mas recurrió a sus conocimientos, a la lógica, a las estadísticas. No tenia porque pasarle nada, tomaba las precauciones a pesar de la escasez de equipos. Aun en el caso de qué le ocurriese, de que le tocase, no tenia patologías y era joven. Casi todos lo pasaban como una gripe fuerte, unos pocos tenían secuelas, y algunos, algunos morían. No quería morir.   Había visto demasiadas bolsas negras de todas las edades. El agarre del miedo le tenso la cara, las lagrimas acechaban en sus ojos. Dos ríos fluirían por su rostro y su boca se torcería en un lamento. No lo iba a permitir. No ahora, no allí. Se incorporo de la gastada silla justo cuando entraron los compañeros. - Deberías descansar un poco mas. -   Dijo uno de ellos. – Desde hace 5 minutos hay cierta paz, así que deberías aprovechar, la cosa no va a durar mucho. Se miraron entre si, las caras serias marcadas por las protecciones, a...

Dia a dia

Apenas habia dormido pero tuvo que levantarse. Hubiese suspirado por estar mas rato en la cama de haber tenido tiempo de hacerlo. Tenia que recoger la ropa y preparar desayunos y almuerzos. Por mucho que se lavase la cara no podia borrar la expresion de extremo cansancio. Cuando desperto a los niños lo primero que vieron fue la sonrisa de su madre. Le dolian espalda y hombros, necesitaba una cura de sueño desde antes de la crisis. De alguna manera cogio animos para la  jornada infernal que le esperaba en el trabajo. Precario y abusivo pero lo unico que tenia.Los niños reian jugando con ella en la mesa de la cocina. Sus relaciones se podian resumir en una serie de desafortunados chistes sin gracia. Habia llegado a la conclusion de que el amor romantico era un invento de libros y peliculas. El camino al colegio se hacia mas largo porque iban por todos los pasos de peatones y semaforos. Los niños no la soltaban de la mano en ningun momento. Eran felices y entonces ella se dio cuen...

El oso y el fuego

Dedicado al maestro juguetero La cara del osito de peluche estaba quemada. Los ojos de plástico se habían derretido y al enfriarse parecían dos pasas chafadas. El resto de la cabeza se deshilachaba con el relleno amarillento saliéndose entre los bordes carbonizados. - ¿Esta segura que quiere arreglarlo?- El artesano fruncía el ceño ajustándose las gafas. - Mire señora no me gusta decir esto, pero creo que seria mucho más fácil y económico conseguir un osito idéntico a este nuevo. El maestro juguetero estaba acostumbrado a reparar piezas antiguas. Juguetes de la infancia de ciertos padres que querían que sus hijos disfrutaran en la actualidad.  Coches y robots de hojalata, caballitos y soldados de madera, guiñoles y muñecas con vestidos de tela. Aquel peluche quemado seguía saliendo en los anuncios de televisión. El tiempo que dedicase a ese juguete les costaría mas a los padres que conseguir uno a estrenar. - Tiene que arreglar este, no importa el precio.- Dijo la madre. - ...

Plegadito

Hijo mío no te muevas, quédate quieto, recoge tus extremidades, todavía hace demasiado calor, saldremos a la fresca, cuando todo este tranquilo, siempre encontramos comida, a las malas buscamos en los otros escondrijos, es una lastima no aprovecharse de los vecinos que yacen en la oscuridad, no te muevas, no gastes energía, quédate plegadito, ¿has visto lo poco que ocupamos cuando estamos recogidos?, yo no me movería de mi huequecito, pero hay que salir por alimento, tenemos que hacer caca, no ahora no, esperarte a la fresca, cuando todo este tranquilito, no podemos salir ahora hijo, gastaríamos mas energía de la que podríamos encontrar, haz caso a tu padre y podrás llegar a vivir tanto como yo, quizás tengas la ocasión de encontrar hembra y tengáis niños que criar, acabaras como yo diciéndole lo mismo a tus crías, reservar la energía, plegarse como un botoncito y meterse en un huequecito, todo el día durmiendo y casi toda la noche también, o descansando, pero quietecito siempre, no de...

La ultima carga

Repartidos por el refugio habían varios montones de comida con los que   cualquiera podría tener una ultima cena las veces que quisiese.“Por lo menos moriremos con la barriga llena.”Pensó Antonio viendo a sus compañeros comer. Algunos conversaban tranquilamente en pequeños grupos mordisqueando fruta fresca y engullendo caras conservas. De no ser por el polvo acumulado en sus ropas, las heridas vendadas y la desolación general podrían pasar por convidados a una fiesta pudiente. Carlos vino del cagadero con una sonrisa en la cara a pesar de tener un brazo inútil sujetado por un improvisado cabestrillo. Un machetazo casi se lo había arrancado de cuajo. También renqueaba de una de sus piernas herida   por una lanza. -¿Qué cara me tienes amigo? Quiero que borres esa expresión de tu rostro.- Carlos zarandeo a Antonio con su brazo bueno. - Acabo de dejar un pequeño hombrecillo de barro. Vaciar las tripas es uno de los mayores placeres de la vida. Si no has ido a hacer de...

vernoslas

Toda su vida estaba en la calle. En cajas de carton y plastico. Jarrones de papel mache y grandes flores de manualidades. Habiamos bajado las cosas del piso, y en lugar de dejarlas en el portal las habiamos sacado a la calle poniendolas un poco lejos de la entrada, en la esquina. Por si venia él. Estuvimos toda la tarde moviendo las cosas y se iba a hacer de noche. Esperabamos una furgoneta que no llegaba. ¿Y si venia él? ¿Que nos haria al ver que habiamos vaciado el piso? ¿Que no seria capaz de hacer? Podriamos alejar las cosas, pero, ¿hasta donde? ¿Donde podriamos ponerlas para que él no las viera si venia? Cuando viniese la furgoneta las cargariamos en ella y las llevariamos a otra ciudad. Entonces si que habrian kilometros de distancia. Tendriamos otro trabajo, empezariamos de nuevo y no tendriamos que vernoslas con él.