7/1/18

Festival de Invierno

La ventisca teñía de blanco las pieles, correajes, vainas y capas de las dos figuras en la parte de atrás de la taberna. Las hojas de sus armas estaban tan afiladas que la nieve no podía posarse en ellas.

-Hija de una hembra de chacal. Disponte a morir.- Dijo la mas grande de ellas, una Hacha de poderosos brazos cubiertos por tatuajes de serpientes marinas.

-Mas te vale estar a bien con tu dioses porque pronto te vas a reunir con ellos. - Contesto la que llevaba un enorme sombrero esgrimiendo dos dagas largas de plata.

Sus halitos formaban nubes alrededor de sus bocas y el fuego en sus ojos las hacia inmunes al frio reinante.

La puerta se abrió de atrás inundando el callejón del jolgorio que reinaba en el local. Los parroquianos brindando, los cantos del bardo, los borrachos coreando. Uno de estos últimos paso entre ellas para vomitar entre los vacios barriles. Las duelistas lo fueron alternando sus fieras miradas entre ellas y el recién llegado. Este estaba tan bebido que cuando se recupero fue incapaz de detectar la tensión que habia entre las dos.

-Saludos señoras.- Balbuceo con voz ebria. - ¡Feliz festival del invierno! ¡Ojala tuviese el encanto del bardo para cortejar a unas hermosas damas como vosotras! Ese juglar no pierde viaje: afortunado él que va a gozar de los encantos de la hija del mercader.

Al oír el comentario las dos luchadoras envainaron sus armas sellando una tregua con solo intercambiar una refleja mirada de comprensión y determinación. Aquel borracho había mencionado al hombre por el que habían estado a punto de batirse a muerte. Como si fueran una sola entraron como una tromba al local.

En menos de cien respiraciones ellas dos, acompañadas de la hija del mercader, cantaban canciones con los clientes de la taberna ante el fuego del hogar bebiendo y festejando con los demás. El bardo ya no estaba en el escenario, una de ellas lo había arrastrado a los bastidores, la otra le pego un golpe en la cabeza tan fuerte que quedo en la inconsciencia. Metido en uno de esos barriles del callejón tendría suerte si no acababa muerto por congelación.

27/8/17

El gato no esta triste ni azul

Lo que más me gusta del verano es estirarme sobre el suelo fresco y recibir los rayos oblicuos del sol a través de la ventana entornada. Alargo mis patas y estiro mi cola, los grandes piensan que sonrío. No es así, un gato no sonríe, la forma de mi boca puede parecerle eso a los grandes, pero como en tantas otras cosas se equivocan del todo.

Los grandes en mi casa debaten en voz alta cada dos por tres y yo tengo que hacer gala de una gran paciencia para soportarlos. El piso donde vivo no es muy grande y aunque me esconda en los más recónditos recovecos, ya sea en los huecos del sofá o bajo la cama en la habitación del fondo, mis excelentes orejas me permiten escucharles aunque no sea mi deseo. Los gritos entre la hembra y el macho grandes a veces hacen referencia a mis apreciados excrementos. ¿Acaso no saben, ignorantes, que el arenero es mi jardín zen particular? La disposición de mis deposiciones obedecen a un patrón de belleza y simetría que nunca llegaran a apreciar. Sin contemplaciones de ningún tipo destruyen mi obra sin fijarse en mis esfuerzos artísticos. Solo oigo injustas quejas del fuerte aroma que desprende y continuas discusiones respecto a quien le toca recoger mis cacas exquisitamente ordenadas por tamaño, forma y olor.

Comprendo que no compartan mis gustos, a fin de cuentas no pueden tener la sensibilidad de un felino. Pero lo que mas me duele es cuando hablan de mi carácter particular  extrapolándolo a todos los gatos en general. ¿Egoísmo? ¿Desapego? ¿Interés? Dichas calificaciones me parecen injustas ¿Acaso me toman por un perro? Que no demuestre mi afecto con cabriolas, ladridos y lametazos no significa que no sienta algo por los grandes de mi casa. Si albergase rencores por las veces que me han pisoteado o han escatimado la comida ya hubiera marcado sus caras peladas con mis lustrosas zarpas, pero nunca tomo en cuenta ninguno de sus agravios.

Con la llegada del calor, aparecieron las cucarachas. La hembra grande les tiene pavor, grita de manera histérica ante su mera visión. Por las noches las persigo y doy cuenta de muchas de ellas. Pero no siempre consigo acabar con todas. Eso, unido a mi costumbre de no dejar rastro alguno de mis presas (confieso que en parte me he acostumbrado a su crujiente sabor), ha llevado a los grandes a buscar un medio alternativo para combatirlas.

De esta manera han distribuido cajitas con veneno por todos los rincones de la casa. Los ignorantes no saben que es un gesto inútil. Las cucarachas que vienen a esta casa son inmunes a esas trampas desde hace varias generaciones insectívoras.

Aquellas cajitas sin embargo pueden ser mortales o potencialmente muy dañinas para el pequeño de la casa. El bebe de los grandes se mete todo lo que encuentra en su babeante boca: la comida de sus padres, mi pienso, tapones, monedas, estuches, zapatos, mi atusada cola. No hay nada que no sea susceptible de ser ingerido por el pequeño monstruo. Conmigo se ensaña especialmente, me tira de las orejas, me estruja el cuerpo, se sienta encima de mí, incluso ha llegado a morderme con sus afilados dientecillos. Por mi parte nunca le hago ni un rasguño ni soltado el mínimo bufido, soporto estoicamente todos sus castigos. Cuando ya no me queda elección emito un agudo maullido para avisar a sus progenitores en el momento en que mi integridad física sufre autentico peligro.

Los padres han caído rendidos en una siesta. El bebe campa a sus anchas y de alguna manera, una de aquellas trampas para cucarachas ha ido a parar a sus manos. Recordé que una vez el macho grande le dijo a su compañera:

- Si este gato midiera tres metros lo primero que haría sería arrancarnos la cabeza de cuajo.

Cuan equivocado esta, que poco saben de mi bondad y magnificencia. El bebe tenia aquel plástico con veneno en sus manos. Si yo hubiera querido que aquella cría de los grandes se envenenase me hubiera con no hacer ningún tipo de acción. Pero ese no es mi carácter. Lejos de lo que puedan parecer mis maneras y expresiones aprecio a esta familia de grandes, considerándome parte de ella. De esta manera como gato de acción que soy tomo cartas en el asunto, si bien no puedo arrebatar al bebe aquella perniciosa trampa para cucarachas si puedo impedir que se lo meta en la boca jugando con él. Así pues a cada gesto del pequeño grande para introducirselo en la boca antepongo alguna de mis patas, mi cuerpo o incluso mi cabeza para evitar el desastre. Aquello llevó finalmente al bebe a jugar conmigo a su tosca manera de apretones, pellizcos y estiramientos. Tan concentrado estaba en impedir la funesta ingesta que no reparé en que el macho grande se había despertado y contemplaba la escena.


A partir de entonces sus quejas respecto a mi han descendido de forma considerable. Tampoco me insulta ya cuando le toca limpiar mi arenero. Comprendo que no me lo agradezca directamente, el muy ignorante piensa que no entiendo sus palabras. Pero soy un gato y no necesito reconocimiento alguno.

30/5/13

Lena voladora

Arrebujándose en su abrigo Lena le hizo frente al viento. En general el aire solía ser pacifico pero aquel atardecer amenazaba tormenta. El sol estaba oculto tras oscuras nubes. En el camino que estaba siguiendo, a la entrada del valle, solían haber corrientes de aire. En esos momentos eran insoportablemente violentas. Lena no pesaba mucho y se sonrió pensando en que podría salir volando. El viento era tan fuerte que tenía que hacer un esfuerzo para avanzar en su contra. Las solapas le palpitaban y agradecía tener el pelo recogido en un moño.

En un instante se vio levantada del suelo. El estomago le dio un respingo que se eternizo durante su incesante ascenso. Grito como una loca intentando agarrarse a algo. A su alrededor solo había aire. Un viento tan fuerte que la llevaba directamente hacia los nubarrones en las alturas. Ver la tierra alejándose hizo que se desgañitara hasta quedar sin aliento.

Se internó entre las nubes negras. El suelo quedo oculto. Lena intento recuperar el aliento y entonces los rayos relampaguearon por todas partes. Sus ropas quedaron empapadas. El olor a ozono la golpeo como un martillo en su pequeña nariz. El vello y sus cabellos quedaron erizados como los de un gato asustado. La cinta que mantenía recogido su pelo salió volando. Quiso gritar sabiéndose a punto de morir partida por un rayo, no le quedaban fuerzas para hacerlo. Algunos relámpagos restallaron tan cerca que pensó que se le quemarían los ojos. Sus pestañas se rizaron. Entonces oyó risas.

La poderosa corriente de aire que la impulsaba hacia arriba dejo de hacerlo y ella cayó como un peso muerto. En un solo segundo de descenso vio pasar toda su vida ante sus ojos. Su infancia en el campo. El sabor de las tartas de Lita. La escuela de los clerigos. Los largos y deliciosos veranos en el campo. Vio todas las cosas buenas y algunas de las malas. Desesperada se dio cuenta que no quería renunciar a nada de eso. Su caída se freno en seco. La agarraron. Esta vez noto unas manos sujetándola por los aires. Manos invisibles. Manos echas de aire. Se revolvió intentando ver quien o quienes la sostenían. No veía nadie. Notaba la presión en sus axilas, en la parte posterior de las rodillas, en sus pechos.

-¡Eh!

Las invisibles manos sobonas se retiraron. Lena se cruzo de brazos. Todas sus emociones de miedo iban mudándose en una especie de rabia.

-¿Quiénes sois? ¿Qué queréis?

Esta vez oyó perfectamente las risas. Eran al menos tres. Tres seres de aire. La estaban llevando lejos de la tormenta. Por encima de las nubes refulgían todas las estrellas. El sol se estaba poniendo y parecía que fuera noche y día a la vez. Lena tuvo arcadas y por una vez agradeció no haber comido nada desde el desayuno.

-¿Hablamos común?- Lena sintió un escalofrío. Aquella voz le congelo el alma. Era como una corriente de aire helado proviniente de una cripta.

-¡Si! ¡SeraAa muy divertidoOoOoO!- Hablaban entre ellos. El segundo era una ventisca loca. Un vendaval enloquecido. Lo sentía azotando su cuerpo.

-Por favor.- A Lena apenas le salía un hilo de voz. Estaban muy por encima de las nubes. Jamás hubiera imaginado que se pudiera llegar tan alto.- Por favor llevarme a tierra.- Sus lágrimas eran arrastradas por la corriente conforme asomaban a sus ojos.

-  No pierdas la cabeza. Quedase de una pieza.- La tercera voz cantaba.

- Por favor. No os he hecho nada.

- SOLTEMOS LA YA. QUE CAIGA. QUE REVIENTE LA CARNE.- Aquella voz de ultratumba le hubiese erizado el pelo si no lo tuviera ya de esa manera después de haber atravesado la tormenta.

- MoOrir clAroO que lOoo haAra. PeEeroO aAnteEsS cOon EellAa queEreEEmoOs JugAAAAAr.

-Oh Oh Oh Una puta para cien se reblandece bien.

Aquello era parte del estribillo de una canción pirata. Lena  la había oído cantar al celador de Razlaba. La letra era insoportablemente soez.

Su trayecto aéreo quedo interrumpido. Los vientos soplaban a su alrededor y entre ellos. Parecían estar hablando con silbidos y ululantes palabras desprovistas de vocales. Su penosa marcha se vio reanudada a mayor velocidad. Al parecer con un objetivo concreto. Sus intentos de hablar quedaban silenciados por las fuertes ráfagas de viento.

Tras una eternidad donde Lena se preguntaba qué demonios había hecho para que le ocurriese esto llegaron a una extraña nube solitaria. Era muy plana. Gris, grande como un estadio y con una extraña forma. “¿Parece una silueta humana?”  Los vientos la arrojaron hacia ella. Lena grito y noto como ya le dolía la garganta. Cayó sobre la nube pero no la traspaso. Era como hierba mullida pero todo de algodón sucio. Los vientos reían dando círculos por encima suyo. Incorporándose Lena logro ponerse de pie. Se ajusto el abrigo e intento arreglarse el pelo que estaba hecho un completo desastre. Intento mantener una mirada desafiante.

-MiIraAlaaa. LaA chicAa tieEnee caractEER.- Ante sus ojos se formaron decenas de remolinos que arrastraban pañuelos, briznas de paja, prendas y sombreros. Con una vertiginosa velocidad confluyeron para crear una silueta humanoide que se planto delante de ella. Era como un espantapájaros de cara vacía. Con ademanes de chiflado bailo una pequeña jiga. – En tu idioma me llamaría Fermizobendun. Pero puede que me conozcas como el viento de Khartum.

-¿El viento de Khartum?- Se contaba que aquella ciudad estaba tan expuesta a los vientos que la gente enloquecía y acababa suicidándose saltando desde sus altos puentes.

-¡El mismo que viste, calza y lleva sombrero!- Dando vueltas sobre si mismo Fermizobendun danzaba sobre la nube en la que se mantenían. Una explosión encima de ella desvió su atención. Se había formado una bola de fuego en el aire. De su centro surgió una calavera recorrida por chispas. Los rayos se entrelazaban y crepitaban formando una silueta. Los huecos de los ojos parecían escudriñarla. La mandíbula se movió y la voz gélida le hablo.

- NO MERECES SABER MI NOMBRE HEMBRA ESTÚPIDA. ASI COMO YO NO QUIERO SABER EL TUYO.

-¡Me llamo Lena!

La calavera se ensombreció. Su brazo de formado por rayos, cuyas chispas parecían músculos desnudos pulsantes, se alzó apuntando a Lena en un gesto cargado de amenaza. El viento llamado Fermizobendun, apresuradamente se interpuso entre los dos.

-¡Hermano! No acabes la diversión tan pronto. Freírla no era lo convenido. Disfrutaremos mucho mas viéndola caer.

-Yo me la quiero follar, por delante y por detrás.- El tercero de ellos se materializo como un ser compuesto de exclusivamente de aire. Un hombre musculado, desnudo y con una tremenda erección.

Fermizobendun y Cráneo se miraron entre ellos miraron el miembro viril de su compañero y se volvieron a mirar entre si.

-¿Qué?

- Quiero follarme a la hembra humana.

- VENTOLINO. HAS ESTADO DEMASIADO TIEMPO SIENDO UNA CORRIENTE DE AIRE EN TABERNAS DE MALA MUERTE Y BURDELES DE PEOR REPUTACIÓN. HAS ADQUIRIDO LA LUJURIA HUMANA.

- ¿Me lo dices tú que pones en tu cabeza la calavera de un mago? Un mago humano. Así es como has aprendido a lanzar conjuros y tener todas esas premoniciones ¿Verdad? No tienes reparos en saquear las tumbas de aquellos que desprecias.- Los ojos de aire se encararon a las cuencas vacías.

-¡Hermanos! – Fermizobendun sin dejar de bailar se interpuso entre los dos.- ¡Nosotros somos hermanos, no debemos pelear! Todos tenemos afición por los humanos. A mí me gusta verles caer. Y a vosotros también ¿A que si?

- Yo quiero tirármela antes de que la vayamos a tirar. Total ¿Qué más da?

-¿Qué más da hermano?

La calavera asintió. Los tres miraron a Lena y ella se arrebujo en su abrigo dando un paso atrás quedando al borde de la nube. Ventolin avanzo hasta ella con su falo apuntándole directamente. La agarro mientas los otros lo jaleaban. Ella forcejeo  gritando por auxilio. Ventolin mucho más  fuerte que ella le  agarro las solapas del abrigo abriéndoselo violentamente. Un botón salió despedido hacia el vacio.

-¡Mi botón!- Lena propino utilizo todas sus fuerzas en una violenta patada en las partes de Ventolino. El viento cayó doblándose sobre sí mismo. Retorciendo de dolor exhalaba maldiciones entrecortadamente. Lena lo contemplo con desprecio. Completamente erguida se encaro a sus otros dos captores:

-Vais a recuperarme ese botón de abrigo antes de que toque el suelo.- Los ojos de Lena relampagueaban de ira. – Me resulto muy difícil encontrar un botón de hueso que quedase bien con los demás.

Los vientos se quedaron como estatuas. Un chispazo restallo en el cráneo reaccionando y dirigiéndose a su compañero:

-FERMIZOBENDUM VUELA A POR EL BOTÓN DE LA SEÑORITA.

-¿Qué?

- VUELA YA A POR SU PUTO BOTÓN.- El aire de Khartum obedeció deslizándose por el borde.

Querosostias, como se llamaba el viento que usaba el cráneo de un muerto como cabeza, había tenido una premonición súbita. Muerte para él y para sus dos compañeros si hacían daño a la humana. Muy despacio agarro a Ventolin y la aparto de ella. La chica y la calavera mantuvieron su mirada interminablemente. El tenso silencio se quebró cuando Fermizobendun regreso. Dando un giro sobre si mismo arrojó a las manos de Lena su apreciado botón.

-Gracias.

-Señorita no hay de que, espero que lo disfrute bien.- El viento de Khartum dejo de bailar dirigiéndose a Querosostias: - Hermano. Lo he visto. Viene hacia aquí.

-¿VIENE ÉL?

- Así es. Él.

- ¡EXCREMENTOS TERRAQUEOS! ¡VENTOLIN LEVANTATE!

El atronador rugido de lo que pareció una trompeta estremeció a los cuatro seres posados en la nube. Ante ellos se presento tornado inmenso cuya altura no alcanzaba la vista. La violentísima fuerza de sus giros podía reducir a añicos a todos ellos en un instante. Ensordecedoramente el tornado estuvo girando durante lo que a Lena le pareció media vida. Se sintió inspeccionada detenidamente por aquella monstruosidad de violencia pura. Intento arreglarse el pelo. Había perdido su cinta, era inútil. Además probablemente moriría en breve.

El tornado giraba cada vez mas despacio. Fue encogiéndose y alterándose para quedar transformado en un hombre completamente azul. Vestía del mismo color y llevaba los ropajes de un soberano. Su cuerpo estaba perfectamente proporcionado con unas sus facciones inhumanamente divinas. Querosostias, Fermizobendun y Ventolino se postraron ante él a una orden muda. Lena los imitó quedando de rodillas. Casi desplomándose de puro agotamiento. Contemplo la situación a través de su enredado cabello. Los seres aéreos hablaron en aquel idioma de silbidos y aullidos de viento. Los cortos y secos interrogantes del monarca azul fueron respondidos por lo que parecían suaves disculpas de los raptores de Lena. A una orden suya los tres salieron volando a toda velocidad perdiéndose de vista. Lena sintió un ligero de alivio, aunque seguía estando en una nube a miles de pies del suelo. Ahora tenía aquellos ojos azules enteramente clavados en ella.

-Levántate Lena ¿Es así como se pronuncia tu nombre?

La chica se incorporo sujetándose los bordes de la falda. Ejecuto ante él lo que esperaba fuese una reverencia correcta.

- Así es majestad.

Él le sonrió. Sus dientes eran azules. Detrás de el asomo una pequeña una figura. Un niño pequeño, regordete y de brillante piel también azul. Parecía muy concentrado en algo. Su pequeño entrecejo estaba fuertemente fruncido.

- Le pido disculpas en nombre de mis subordinados Lena.

-Si. Majestad.

-Bien. Permíteme por favor.- El hombre azul se le acerco. Alzo sus simétricas manos y las puso a ambos lados de su cara. Lena no sintió miedo. Noto un brusco golpe de aire y notó que estaba perfectamente peinada. No pudo evitar sonreírse.

- Srta. Lena es usted preciosa. Absolutamente. Le reitero mis disculpas. Aunque en verdad aquellos tres no tenían culpa sino mas bien mi hijo aquí presente.

Lena boquiabierta contemplo al niño pequeño.  Los mofletes se le marcaban especialmente al tener apretada su pequeña boca. La miro a ella suplicando una disculpa con los ojos entrecerrados por el esfuerzo que mantenía. Volvió la vista hacia el padre con su carita contraída como si no pudiera respirar. El monarca asintió ligeramente. El niño aliviado abrió la boca saliendo un vendaval de ella. Pareció hincharse gradualmente perdiendo la forma humana y tangibilidad. Al final apenas se podía reconocer su silueta flotando al lado de su padre. Voló alrededor de él y también dio una vuelta en torno a Lena. A ella le pareció escuchar un susurro apenas articulado. “Perdóname”. Tras ello abandono la nube.

- Es solo un niño Srta. Lena. No sabía lo que hacía cuando la ha arrebatado a usted de la tierra. No conoce todavía la Regla.

- ¿La Regla? Majestad

- Si. La Regla de no interactuar con los seres terrestres. Los tres elementales de aire que has visto y querían, ejem, disponer de ti se han aprovechado de la inocencia de mi hijo pequeño. Seguramente le has recordado a su madre.- El monarca clavo su mirada en ella. Lena se sintió desnuda. - Ella ya no se encuentra entre los vivos. Ese es el motivo que llevo al pequeño a llevarte por los aires. Sin embargo una vez estas en el reino de los cielos nada impide que los vientos hagan contigo lo que quieran. Por ello te arrebataron de sus manos y te trajeron hasta aquí. Afortunadamente mi pequeño me aviso y vine tan rápido como pude.

Él guardo silencio contemplándola incómodamente. Lena tenía muchas preguntas y objeciones. Pero no quería arriesgarse a enfadar a aquel ser.

-¿Porqué esta nube nos sostiene? Majestad.

-¿Porqué? ¡Ah! ¡Jajajaja! Esta nube es el cadáver de un elemental de aire muerto. Flotan por los cielos para siempre como nubes solidas. Tendrías que ver mi palacio.- El Aire dio un paso hacia ella. Sus ojos completamente azules parecían tener torbellinos en su interior, su aliento era como la brisa de primavera. –Lena: ¿Quieres que te lleve a mi palacio? Hay maravillas incontables en su interior.

- Solo quiero volver a mi casa majestad.

- ¿Estas segura de ello? Esto es una oportunidad irrepetible humana.

- Si. Majestad, por favor, déjeme ir.

El rostro de él durante un instante se deformo en otra cosa, algo inhumano. Fue apenas un parpadeo. Recuperada su cara de perfecta simetría se limito a suspirar.

- Como desees.- Con un leve gesto de su mano levanto un ventarrón que expulso a Lena de la nube al vacio. Otra vez. En esta ocasión no grito. Se había dado por muerta demasiadas veces ya en aquella jornada.

No estuvo cayendo mucho tiempo. Unas poderosas garras la cazaron al vuelo enganchándola por su abrigo. Una enorme ave que no pudo identificar pero que olía como un gallinero sucio la fue llevando volando en círculos descendentes hasta el suelo. Hasta unos cuantos metros de el ya que la soltó sin miramientos. Lena aterrizo levantando una nube de polvo.  Parecía estar de una pieza. Sin importarle la suciedad beso la tierra mientras reía histérica e incontrolablemente.




Anexo:

La visión de Querosostias

Lena es violada por Ventolino y arrojada al vacio para disfrute de Fermizobendun. El Aire la rescata antes de que eso pase. El fulgor de los ojos de ella no se apaga. No hasta que ella yazca con el Rey Elemental. El fulgor de los ojos de ella no se apaga. No hasta que influye en las decisiones del soberano. Pasan los años y ese fulgor sigue. Llega un momento que ella toma las decisiones por él. De esa manera Ventolino el primero, Fermizobendun después y finalmente el mismo, Querosostias, mueren para acabar siendo parte del mobiliario del Palacio en los Cielos. Y solo es entonces cuando por fin se apaga ese brillo de rabia en los ojos de la humana.


4/8/12

Este lo hice en plenos exámenes (ya me vale) y no esta terminado por que estoy ahora con el cuento de April

18/6/12

Sargento Pollo de Guerra





   El infinito silbido de las bombas. Las estelas de humo que se elevaban tras las explosiones. Los incesantes destellos que precedían a los mortales proyectiles. Todo ello era percibido con una intensidad abrumadora. Todos los sentidos se abrían, se magnificaban, sin posibilidad de elección al horror. 


   Nunca antes, ante las cosas buenas de la vida, había prestado tanta atención. Con tiempo suficiente se olvidaría del sabor de la cerveza tomada en las terrazas de su pueblo natal. Pero nunca podría olvidar la visión del pecho, que subía y bajaba, del novato. Herido e inconsciente yacía en medio del campo de batalla. Seguía vivo en el centro del infierno. Solo era cuestión de instantes que algún puto trozo de metralla le volase la cabeza o un grupo de balas lo dejase como un colador.


   El Sargento tenia la total certeza que la imagen del novato muriéndose le acompañaría el resto de lo que le quedase por vivir. Jamas podría perdonarse a si mismo que no intentase lo imposible por uno de sus pollos.


   Cacareando obscenidades y maldiciones salio de su trinchera al rescate.

15/2/12

Princesa y Pesadilla

   Un día el Reino Malva despertó conmocionado. La apreciada hija del buen rey había desaparecido. El rey mando a su guardia personal a buscarla, todos los caballeros se aprestaron a ello. El castillo fue registrado de arriba abajo, así como los pueblos y bosques que había por alrededor. Pero nadie pudo dar con la pequeña princesa. La reina lloraba desconsolada y el Rey parecía haber envejecido de repente.

   De repente resonó un griterío proveniente del patio. A través del cielo y como una flecha venia volando una caldera a modo de carruaje del que tiraban en lugar de caballos unas bestias alargadas y tentaculares. Cuando se poso dentro del terreno del castillo cientos de piqueros la rodearon apuntando con sus alabardas. El rey y la reina se asomaron a las escalinatas. La caldera abrió una portezuela y de ella salió un ser que era mitad hombre mitad légamo vestido con una levita de llena de manchas verdes.
   -Saludos majestades.- Se retorció en una repulsiva reverencia. - Permitirme que me presente como Sueñiton Maledito, puede que no me reconozcáis pero algunos de vosotros me podéis haber visto en alguna ocasión, en sueños.
   -¿Donde está mi hija despreciable ser?- El rey avanzo hacia Sueñiton espada en ristre.

   -Esta en un sitio inalcanzable y a buen recaudo. No temáis por ella majestad.- La boca parecía derretírsele y reaparecer intentando componer una especie de sonrisa. Su cuerpo exudaba líquido formando pequeños charcos verdosos y pestilentes por donde quisiera que pasara.

   -¡Prended a este ser repulsivo piqueros!

   Mas los soldados del rey lo intentaron en vano por que intentar agarrar a Sueñiton era como coger aire. Se le podía ver y oír, pero no tocar, tan inmaterial como el aire era tal cual un fantasma. Muchos de los congregados en el patio, he incluso algún piquero, se estremeció de miedo. El ser atravesó todos los cuerpos, escudos, corazas y lanzas y se planto delante del rey. Cara a cara. De cerca la cara aun era más repugnante, era como si una figura de cera se derritiese y de alguna manera volvieran a rellenarse los huecos que se formaban en el desagradable proceso.

   -Majestad. Escuchadme atentamente. Por la vida de la princesa pido una demanda. Cumplirla y os devolveré a vuestra hija intacta. En caso de no satisfacerla la única manera que tendréis, vuestra majestad, de volverla a ver será en los sueños que podáis tener. - En este punto Sueñiton prorrumpió en una estridente y diabólica carcajada que reverbero en el patio y que hizo que todo el mundo retrocediera un paso atrás. No así el Rey que se mantuvo mirándolo con furia contenida. Acto después, el ser, le susurro al oído al monarca del Reino Malva lo que todo el mundo supuso que sería su petición de rescate. Tras lo cual miro burlonamente al rey a y a la reina y fue dirigiéndose a su extraño carruaje volador. La Reina miro interrogativamente al Rey con sus ojos hinchados de haber llorado. Este le paso el brazo por los hombros atrayéndola hacia sí. Levanto la otra mano en una señal para que dejasen paso libre al ser, algo superfluo para quien era como un fantasma.

   Por la ventanilla de la portezuela asomo la fea cara y dijo una palabra antes de que el carruaje se elevase en el aire y volase hasta perderse de vista.

   -Hacedlo.

   En el salón del trono solo estaban los más allegados a la familia real. Sobre las alfombras purpuras se proyectaban unas sombras demasiado largas en los espacios vacios.

   - Majestad. El ser vino de los cielos. Propongo hacer una batida por los cielos.- El Comandante de la guardia lo dijo muy convencido.

   - ¿Y cómo pretendes volar? ¿Moviendo tus orejotas de asno? Por mucho que me pese mejor sería ofrecer una recompensa por la princesa Majestad- El tesorero escudriño desdeñosamente al veterano soldado con desagrado por encima de sus lentes. Antes de poder añadir otra puya el alquimista lo interrumpió.

   - Podemos recurrir a los enanos de la montaña. He oído que han logrado construir una especie de barco volador.

   - No hay tiempo.- El jefe de carteros fruncía su cara de comadreja - Fletar dicho artefacto llevaría un mes por lo menos, y el cielo, maldita sea, es demasiado extenso para rastrearlo como se debiera. ¿Majestad? ¿Cual es el rescate que ha pedido el malnacido ser?

   - ¿Oro?- Pregunto el tesorero.

   - ¿Armas, soldados? - Inquirió el Comandante.
   - Nada de eso.- Respondió el rey. Los presentes se miraron entre si con extrañeza.

   - Necesitamos a un mago. Es lo único que nos puede ayudar en este tipo de problemas.- Cuando hablaba la Reina todos callaban.

   - ¿Merlindrea de Casbala?

   - Es una visionaria charlatana y falsa. - Se apresuro a resaltar la reina.

   "Y también una mujer muy atractiva" Pensó el que denominaban como jefe de carteros.

   - ¿Vostro Calaverus?

   - Otro que tal. Además es un hombre demasiado siniestro.

   - Entonces mejor ni mencionar a Mortius de las Islas.

   - No. Y además suele ser ilocalizable.

   - Malditos magos, nunca están cuando realmente se les necesita. ¿Y Cygnus Olor? Hace tiempo que no se oye hablar de él.

   - Y tanto. Fue a los túneles hace dos años y no se le ha vuelto a ver nunca.

   - ¿Merques Anser?

   - En la panza de Soma fuego Escupebilis.

  -¿Al final se metió en su guarida?

   - Al final tuvo valor. Pero no lo consiguió.

   - Señores.- El rey tenía una aspecto agotado.- No me queda otro remedio, por más que me pese, que avisar al Mago del Laberinto.

   -¡Pero majestad!

   - Silencio. Me doy perfecta cuenta de lo que ello implica. Tesorero tendréis que traer la caja. ¡Cartero! Hazle llegar el mensaje de que lo busco, y con urgencia. Alquimista: échale una mano en lo que puedas. Comandante: mande mensajes a todos los oficiales, esta tarde me reuniré con todos ellos.

   -¿Majestad la caja?

   -Si. La caja. Traerla.

   Bien entrada la noche en el salón solo quedaba el rey. No podía dormir. Sobre el reposabrazos del trono había un objeto que el monarca cubría con la mano. La repentina explosión y sobre todo lo inesperado de su sonido casi hace que lo tire al suelo. Como una bofetada percibió el hedor a azufre. Sobre círculo de hollín, al haberse quemado parte de las alfombras del suelo el rey observo al Mago del Laberinto. Los guardias que se habían asomado rápidamente a las puertas también lo reconocieron y a un gesto del rey volvieron a sus puestos.

   -Majestad.- El mago se doblo en una exagerada reverencia.- He venido tan pronto como han llegado a mis oídos que requerías mi presencia. ¿Aun sigue la reina enfadada con Merlindrea?

   -Eso no tiene importancia. ¡Mujeres! Supongo que conocerás los hechos acaecidos esta mañana.

   - Si majestad. Aunque me gustaría recabar unos cuantos detalles. El primero de ellos saber en qué consiste el rescate.

   - Soñar. Es absurdo, pero ese ser pretende que obligue a todos mis súbditos a soñar con él. A soñar que le construyen una fortaleza en sueños. Es tan ridículo que no se lo he dicho a nadie todavía. Me ha dado tres días de plazo y realmente si no encuentro a mi hija en ese tiempo tendré que acceder a esa locura. El alquimista ya está redactando los absurdos edictos.

   - No es tan absurdo majestad. La tierra de los sueños es otro reino aunque no este físicamente en este mundo material. No como se pueden encontrar las tierras de Asinaria o las del Imperio Amarillo en el sur. Sin embargo vuestra revelación del rescate confirman mis sospechas acerca de la naturaleza del ser autodenominado Sueñiton Maledito. Como su tonto nombre indica es una Pesadilla.

   - ¿Una pesadilla? ¿Acaso dices Mago que todo esto es sueño?

   - No majestad. Ese ser proviene del Reino de los sueños. Un lugar al que los mortales solo podemos llegar en sueños. Pero esa tierra no solo está poblada por durmientes, tiene sus propios nativos. Sueñiton Maledito es uno de ellos y de alguna manera ha conseguido cruzar desde el país de los sueños. Eso es algo extremadamente infrecuente.

   - ¿Mi hija esta prisionera en el país de los sueños? ¡Llévame allí de inmediato! ¡Abre un portal o lo que sea demonios que haga falta! - Los nudillos del rey emblanquecieron una mano sostenía un objeto pequeño y la otra la espada.

   - Majestad no es tan fácil. Ese otro mundo tiene unas extrañas reglas y en la zona concreta que ese ser, Sueñiton Maledito, llame hogar será invulnerable y omnisciente. Aunque pudiese, que no es el caso, llevar a su majestad y a vuestros ejércitos allí la Pesadilla podría acabar con todos como quien corta un trozo de queso. La fuerza bruta no es la solución ni el medio de efectuar un rescate. Esta empresa requerida más bien sutileza, engaño y mucha astucia.

   - ¿Que puedo hacer yo entonces mago?

   - Solo una cosa: darme la caja.

   El Rey, resignado, abrió la palma de su mano izquierda.

   El Mago del Laberinto también le pidió un caballo al rey para volver a su torre del bosque. Cuando le pregunto por qué no volvía como había llegado al salón del trono este le respondió que debía reservar su magia para el rescate de la princesa. El rey no dijo nada más.

   Siguiendo senderos secretos llego antes del amanecer. Uno de los aprendices se ocupo del caballo. Al resto les dijo que le preparasen el círculo.

   - Prepararme algo que me despeje también. Me espera un largo día.

   - ¿Como fue con el Rey maestro?

   - Si antes del próximo amanecer consigo rescatar a la princesa, mi jovencísimo aprendiz, tendremos unas buenas perspectivas. Además, de momento ya tengo la caja.

   El pupilo del mago abrió los ojos desmesuradamente. La caja destelle con el primer rayo del sol naciente.

   El mago tomo el desayuno rápido y consulto las cartas. La predicción le sorprendió tanto que aviso a su alumno más aventajado para corroborar el resultado.

   - Maestro yo interpreto: "Pulso firme y ser irrespetuoso con mucho dulzor"

   - Eso mismo me parecía a mí. Para lo primero buscadme los guantes de Viler, los segundo no me resultara difícil, pero para lo mucho dulzor... ¿Sabes qué? Consígueme un buen trozo de azúcar de la despensa que me lo llevare conmigo.

   El pupilo obedeció sin vacilación, había sido testigo de cosas muchas más extrañas. También le entrego solo una pócima de invisibilidad de las dos que el mago también le requirió. Ante la desaprobación de su maestro le tuvo que recordar que una de ellas ya la uso en las pasadas festividades para colarse en cierto sitio de la corte donde no fue invitado.

   - Ahora subiré yo solo arriba. No cerrare por dentro pero no quiero que entréis hasta que pase el día de hoy y tal vez la noche. Aunque espero salir antes. Da igual lo que escuchéis. Y una cosa mas...

   Los aprendices giraron sus cabezas hacia el mago.

   - Si pasase algo, devolver la caja al rey. Y mi colección privada de ilustraciones está entre los tratados de Algebra aplicada comentada por Lodorius Landatremlon.

   - Ya lo sabíamos maestro.

   - No se os escapa una.

   - Lo esperaremos.

   Tardo casi tres horas en escribir el último legajo de pergamino. El penúltimo preparativo antes de entrar en la sala más alta de la torre fue hacer de vientre. La cerveza y el huevo que había tomado aun lo hacían eructar de vez en cuando. Una vez en la sala examino minuciosamente las líneas pintadas en el suelo y las velas dispuestas. Los chicos habían hecho un buen trabajo pero toda precaución en estos asuntos siempre resultaba poca. Como bien decía su predecesor "Si no quieres perder los pantalones procura usar cinturón y tirantes" Se palpo el bulto en el interior de la túnica y empezó la invocación. Conforme avanzaba su recitación mas fría, oscura y tétrica se volvía la habitación circular, toda ella rodeada de ventanas cerradas y aseguradas con postigos. Las bailarinas llamas de las velas estuvieron a punto de apagarse al recibir una ráfaga aire indescriptiblemente fétida venida de fuera de este mundo. Y con ella una figura ligeramente antropomórfica que sostenía el mango de un hacha cuya hoja era tan grande como un escudo de caballería. La forma que hacía las veces de cabeza tenía un hueco como si fuese una boca y de ella salió una voz cuyo sonido era parecido al croar de un sapo que midiese dos metros y sus ojos fuesen dos brasas encendidas de furia rabiosa.

   -¿QUIEN OSA MOLESTAR A CLERACLODINOVERPON AMO DE LA QUINTA MAZMORRA Y BARON DE ABISMARIA? ¿ERES TÚ? ¿EL MAGO RUBIO?

   - Mago del Laberinto. Un nombre quizás largo como el tuyo pero mucho más fácil de pronunciar.

   - ES LA SEGUNDA VEZ QUE NOS VEMOS. - El demonio se apoyaba en una barrera invisible siendo su cara una máscara aplastada de rabia babeante. - LA TERCERA VEZ TE BUSCARE YO Y NO TENDRAS TUS ESTUPIDOS CIRCULOS, SIGNOS Y PENTAGRAMAS EVITANDO QUE YO TE PONGA LAS MANOS ENCIMA. YA VERAS. YA VERAUSSS.

   - Para mi también es muy emocionante verte Cleracil.

   - CLERACODINOVERPON MALDITO IMBECIL. TE OBLIGARE A COMERTE TUS PROPIAS TRIPAS. YA VERAS. CUANDO...- El Baron de Abismaria callo subitamente al ver el objeto que el mago le mostro.

   - Si, es la caja.- El mago sonreía ampliamente mientras se pasaba el objeto de una mano a otra. El demonio no apartaba la vista de ella.

   - ¡INSENTATO! ¡CUIDADO! SI ESA CAJA SE CAE...

  - ¡Si no te callas y me escuchas eso será lo que haga precisamente!

  - NO TE ATREVERAS. ¡GRAN DUQUE INFERNAL NO!- El mago hizo el gesto de arrojarla al suelo. - ¿QUE QUIERES DE MI MORTAL? PERO DEJA DE JUGAR CON ESO.

  - Necesito entrar en el País de los Sueños por la puerta de atrás.

   La zona donde tenía que estar la cara del demonio se aliso mostrando sorpresa antes de arrugarse horriblemente para componer una especie de sonrisa.

   - No te emociones Cleracil. Antes de irme contigo tendrás que firmarme esto- Le alcanzo el grueso rollo de pergaminos al borde de la barrera invisible.- Y mas te vale hacerlo y con sangre si no quieres que se me caiga cierta cosita así como queriendo.

   La extraña pareja viajo a través de cielos en llamas y suelos pavimentados de huesos. El demonio trato en varias ocasiones encontrar huecos en el contrato que el mago le había obligado a firmar pero no pudo bajo ninguna argucia hallar la forma sin faltar al pacto. Finalmente llegaron a una estrecha torre por cuya retorcida escalera de caracol subieron lo que parecía una eternidad.

   - ¿La entrada está arriba?

   - ESTAMOS EN LO MAS BAJO. CUALQUIER SALIDA SOLO PUEDE ESTAR EN UNA DIRECCIÓN: HACIA ARRIBA. SIGUE SUBIENDO HUMEDO MECHON DE VELLO RECTAL.

   - Observo que eres realmente creativo con los improperios. De todas maneras puede que la próxima vez incluya una clausula que me proteja de tus terroríficos insultos.

   - LA PROXIMA VEZ SERE YO QUIEN TE ENCUENTRE Y NO TE VALDRA NINGUN TRUCO.

   - Si, ya. Cuéntame algo que no sepa.

   Al final de la tortuosa escalera solo había una sencilla puerta de madera entreabierta.

   - ¿Esto es una salida del infierno y no podéis mantenerla cerrada?

   - ES LA PUERTA A LOS SUEÑOS MANCHA ANDANTE DE VOMITO FECAL. TODOS LOS SITIOS, AUN LOS MAS TERRIBLES, SIEMPRE EN DE TENER ALGUNA Y NINGUNA DE ELLAS SE PUEDE CERRAR DEL TODO.

   - Bueno ha sido un placer Cleracodinoverpon. Si necesitas alguna cosa ya sabes dónde encontrarme.

   - REZA POR QUE NO SEA ASI PARLANCHINA Y PUTREFACTA PUSTULA ESCROTAL.

   - Si yo también te echare de menos.

   El mago traspaso el umbral dejando al demonio atrás. Subió por lo que parecía una gruta y tras el primer recodo se apoyo contra la pared de roca y respiro profundamente. Con un pañuelo se seco el sudor y espero un buen rato a que las manos dejasen de temblarle. Tuvo que hacer un esfuerzo por no vomitar. De cualquiera de las maneras la visión de Cleracodinoverpon era algo Tras ello siguió el ascenso.

   El túnel que no tenía bifurcaciones desembocaba en un bosque. Antes de llegar a él pudo escuchar el trinar de los pájaros. Conforme estuvo rodeado de arboles el mago se sintió incisivamente observado. Sabía que no tenía que mirarles a los ojos fijamente así tomo una senda y la siguió haciendo caso omiso. Al cabo de un rato tuvo a dos o más de ellos a su espalda. No se volvió, mientras no cruzasen las miradas estaría a salvo.

   - ¿Donde vas?- La voz era como el chirrido de una rata.

   - Al palacio de Sueñiton Maledito.

   - ¿Amigo suyo?

   - Le llevo una sorpresa.

   - Toma la senda de la izquierda y veas lo que veas no te salgas de ella, al final lo encontraras.

   Las advertencias ya se las conocía. En el País de los Sueños lo difícil no era llegar a los sitios, sino no entretenerse por el camino.

   - Muchas gracias, muy amables.

   - Asegúrate que se lleve una gran sorpresa mago y cuidado con los bichos.

   - ¿Que bichos?- Pero ya no había nadie a sus espaldas. Tampoco sentía que nadie lo observase ya. Siguió la senda. Fuera del camino vio que se organizaba una feria increíble, vio la que fue su primer amor proponiéndole escaparse juntos, vio a amigos fallecidos, la posibilidad de gobernar un reino y también vio un sitio que parecía irresistiblemente cómodo donde reposar debajo de un árbol. Siguió la senda. La siguió hasta un final que no parecía acabar nunca. Entonces oyó los ruidos de una obra. El camino se acabo junto con el bosque dando paso a una extensión cubierta de gravilla. Sobre una elevación de terreno pudo contemplar los cimientos de lo que podría convertirse en un enorme castillo.

   Aunque todavía el Rey no había dado la orden a sus súbditos de soñar con ello, Sueñiton Maledito parecía haber ido reclutando o atrapando gente para empezar su obra. Había hombres, mujeres, animales y otros seres afanándose en levantar la obra. Había hileras de ellos llevando o arrastrando piedras de todos los tamaños. Algunos parecían voluntarios y otros eran evidentemente esclavos por las cadenas de sus pies y los latigazos que recibían de guardias con cara de pez.

   El mago bebió la poción y se volvió invisible. Con cautela se metió entre el gentío. No sabía muy bien que buscaba pero cuando llego a los barracones observo una lujosa y enorme tienda de campaña sobre una pequeña colina. El tipo de carpa que usaría un Rey o un poderoso príncipe. "O bien una pesadilla con ambiciones y aires de grandeza" La tienda estaba rodeada de guardias, pero gracias a su indefectibilidad pudo sortearlos sin mayor problema.

   Una vez dentro escucho lo que parecía ser el sonido de una fuente de la que tan pronto surgía agua como tan pronto se atascaba en el desagüe. El interior de la tienda parecía un palacio forrado de alfombras, cojines y tapices. Atravesó lo que sería un recibidor, luego una sala de reuniones con pizarras, dibujos y mapas de lo que sería la fortaleza. Enormes cucarachas rojas se paseaban tranquilamente por encima de los informes. Conforme se adentraba el sonido gorgoteante era cada vez mayor.

   Después de eso vio a la princesa. Dormía plácidamente en una cama arreglada que se encontraba en el interior de una enorme jaula dorada, como si fuera una pajarera. Tenía una puerta y esta tenía un candado. No pudo abrirla de ninguna de las maneras, que no eran pocas, en que lo intento. Necesitaba la llave. Dejando a la princesa a un lado se acerco al origen del sonido en lo más profundo de la lujosa tienda de campaña. Allí, en una elaborada cama con triple dosel dormía Sueñiton Maledito. Sus atronadores ronquidos hacían temblar las mantas con que se cubría y todas las telas que lo rodeaban. Eran la causa de aquella cacofonía acuática. La cara de la pesadilla parecía colarse por un desagüe en cada aspiración, para volver a brotar con un chapoteo cuando expiraba. El mago torció la boca en un gesto de asco. Pudo distinguir que del cuello de Sueñiton pendían varias llaves una de ellas dorada. El mago rebusco entre los pliegues de su túnica y saco un par de guantes de finísimo cuero con los nudillos remachados de metal. Deslizo sus manos dentro de ellos y se aproximo con todo el sigilo que pudo a la vera de la pesadilla durmiente. Intento que no lo salpicasen las respiraciones de Sueñiton. Pero en el proceso de conseguir la llave no pudo evitar que tantos guantes, mangas, su pechera así como parte de su cara y cabellos acabasen cubiertos de baba pegajosa verde. El efecto de la poción se acabo volviendo a ser visible del todo, amén de pringado. Sin embargo la pesadilla seguía durmiendo felizmente ajena.

   La cerradura del candado de la jaula dorada estaba bloqueada por una de las cucarachas que había visto antes. Con un vistazo pudo observar varias de ellas más en la estancia. Erguidas sobre dos patas parecía demostrar una actitud desafiante. Algunas se dirigían hacia donde dormía Sueñiton.

   - Queridas amigas - El mago susurraba mientras depositaba un gran trozo de azúcar compacto en el suelo.- Tomad por favor este tributo que os ofrezco.

   Las cucarachas abandonaron sus puestos y se dirigieron todas a comer del dulce. El mago con una sonrisa pudo abrir sin problemas.

   - Princesa, princesa. Despertar.

   La Princesa medio dormida se incorporo.

   - No temáis he venido al rescate. No hagáis ruido. Os sacare de aquí. El mago desenfundo la daga de plata que pendía de su cinto. Se dirigió a una de las paredes de tela y cortó una abertura. Tras asomarse precavidamente se hizo a un lado para flanquear el paso a la princesa.

   - Las damas primero pero por favor mantener la cabeza gacha.- Al efectuar una reverencia pisó una de las cucarachas que merodeaban el trozo de azúcar. Era tan grande que no la mato, sin embargo aquello desencadeno una algarabía de élitros ofendidos. Algunos coleópteros se dirigieron furiosos a dar la voz de alarma. Agarrándola muy descortésmente por las posaderas empujo a la princesa fuera.

   Los guardias se dirigían corriendo hacia la entrada principal de la tienda de campaña y así pudieron pasar desapercibidos por el lateral. Los trabajadores de la obra cercanos también miraban en esa dirección. Los gritos de Sueñiton parecían romper los cielos. Entre las soeces blasfemias que aulló su primera orden fue que le trajesen los perros. El bosque parecía muy lejano delante de toda la extensión de gravilla.

   - Deprisa, deprisa. Princesa por favor.- El mago la había adelantado y tiraba de su mano.

   - Me acabo de despertar y además he perdido mis zapatos.

   Una extraña expresión recorrió el rostro del mago. Deseo que la Princesa no midiese y tal vez pesase lo mismo que el. Quizás fuese por eso que abundaban las historia de robustos caballeros que rescatasen princesas y sin embargo hubieran muchos menos cuentos donde lo hiciesen magos cuyas mayores logros físicos consistiesen en redactar buenos contratos sin fisuras legales. A lo lejos se escucharon unos ladridos escalofriantes.

   - Subir a mi espalda, princesa.

   La extraña expresión esta vez recorrió el rostro de la princesa.

   - No es una broma. Necesitamos poner toda la distancia posible entre esos perros si son lo que yo pienso que son.

   La Princesa accedió y el mago corrió todo lo que le dieron las piernas de sí. Cuando llegaron a la cobertura del bosque paró sudando y tratando de recuperar la respiración. La princesa riendo desmonto.

   - Aquí el terreno es más blando. Puedo seguir con mi propio pie. ¿Que camino tomamos para volver?

   El mago pareció sorprendido por un momento antes de señalar el camino de la derecha. Aunque se desplazaban a paso ligero les parecía que los aullidos de los perros parecían cada vez más cercanos. Aquel camino les condujo a un rio muy caudaloso de tumultuosas aguas.

   - Perfecto. Con toda esta agua podremos despistar a esos sabuesos infernales.

   - Si. ¿Pero cómo vamos a vadearlo mago?

   Este agitaba ostensiblemente los guantes haciéndole señas a una figura erguida sobre una barca que fue acercándose con una lentitud que parecía hacerse más pronunciada conforme los salvajes ladridos parecían hacerse más cercanos. El barquero parecía una estatua gris cuya boca era una apretada línea. Apenas movió sus inexistentes labios cuando en la orilla hablo:

   - Dos monedas me tenéis que dar si a mi barca queréis subir.

   El mago contemplo a la Princesa.

   - ¿Yo? ¡Fui raptada mientras dormía! ¡Si ni siquiera llevo los zapatos!

   Ahora escuchaban casi en sus nucas los aullidos, los improperios de Sueñiton y las pisadas de las tropas que debían de acompañarlo.

   - No tenemos efectivo en estos momentos. Pero...- El mago tendió los guantes tras frotarlos en los costados de su túnica que permanecían limpios.- Son de una calidad suprema, deberías darle un respiro a esas encallecidas manos amigo. Yo diría que pasas demasiado tiempo dándole al remo.

   En el rictus del barquero una de sus comisuras pareció alterarse por un imperceptible instante como el aletear de una mosca.

   Montados en la barca se alejaron de la recién atestada orilla. Los sabuesos exhalaban fuego por sus hocicos. Sueñiton maledito en medio de sus guardias parecía fuera de sí esputando lodo a todo su alrededor lanzando rabiosos insultos. El mago no se privo de burlarse de el antes de que se vieran obligados a agacharse para cubrirse de las flechas, lanzas y piedras que les arrojaron. El barquero permaneció imperturbable ya que nada parecía poder alcanzarle.

   -¿Hacia la otra orilla?

   -Si por favor. O mejor aun si puedes sacarnos del reino hazlo sin dilación. Ya hemos visto bastante.

   El barquero asintió y guio la barca por el centro del rio dejándose llevar por la corriente. La pesadilla y sus seguidores pronto se convirtieron en inofensivos puntos lejanos. El mago y la Princesa se relajaron. Esta última se frotaba los pies. Tanto las orillas como los cielos presentaban un aspecto cambiante. Tan pronto había montañas como llanuras interminables. Y lo que parecía ser una ciudad portuaria mudaba en una jungla salvaje. Así como el cielo que aparecía despejado cambiando en cualquier color a ojos vista como se nublaba de repente de nubes o islas de todo tipo que surcaban los aires. Nada parecía tener una estabilidad hasta que se percataron de un murmullo que poco a poco parecía ir intensificándose.

   -¿Que es ese ruido barquero?- Grito el mago queriéndose hacerse oír por encima del creciente estruendo. La princesa le tiraba de la manga señalándole al frente de la barca. Lo que parecía un lejano muro de espuma de agua fue acrecentándose hasta convertirse en una colosal cascada que caía por el borde del mundo. La barca se inclino hacia el abismo espacial mientras el barquero sonreía claramente y los visitantes del mundo de los sueños se desgañitaban silenciados entre las inexorables aguas.

   El mago no supo cuanto tiempo estuvo cayendo y gritando. Le pareció una eternidad sin embargo no llego a sentir ningún impacto. Estaba sobre un suelo duro y mojado, con líneas pintadas y velas apagadas. Habían abierto las ventanas de la sala circular. A su lado, desperezándose, estaba la princesa. Ambos estaban empapados. Dos de sus aprendices sostenían cubos vacios, uno de ellos le hablaba.

   -...ha ido a avisar al rey.- Como el mago no le respondía le tendió el cubo a su compañero. Este se dispuso a bajar para volverlos a llenar.

   - ¡No! Mas agua no. ¡Ya estamos despiertos maldita sea!






       ***

19/3/10

Ingeniero marciano

Pos siempre me había hecho ilusión vivir en una granja marciana con su cúpula y todo eso. Porque terraformar esto, si que lo terraformaremos, pero anda que no, que noo va a costar esto de hacerse. Que no es grande el planeta ni na. Esto no es como replantar el jardín o la huerta. De momento si se tiene que salir: con traje. Y visores, polarizados al tope. Que aquí o te hielas de frio o te socarras de calor. Todo por la mierda de atmosfera que hay. Vamos que no hay na. Hasta que insuflen oxigeno aquí nos pueden dar las uvas.

Yo estoy aquí por que tiene que haber alguien. Alguien humano. Yo tengo el titulo de ingeniería avanzada y un montón de carreras mas. En realidad lo tengo todo en un chip aquí en la testerola. Es muy fácil, sin exámenes ni na, tos los datos los tengo aquí metios. Lo que pasa que se necesita al menos un humano. Aquí todo son robots.

Robots mineros. Sobre todo para el helio 3. Tambien hay robots terraformadores, un puñao, e incluso robots ingenieros como yo. Lo que pasa que yo estoy aquí para todos los imprevistos. Me toca hacer de to. Casi todos los días me limito a tocarme los huevos, pero a veces se montan movidas guapas. Y es que los robotses no saben improvisar. Se empachonetan. Satascan ante los imprevistos. Entonces recurren a mi y lo arreglo.

Antes habíamos mas. Pero la compañía fue recortando gastos por aquí y por alla y al final me he quedado yo solico. Aquí con los robots. Me aburro bastante la verdad. Pero bueno por lo menos me entretengo con la extranet. Aunque con el desfase orbital va lento que te cagas.

El otro dia me montaron una guapa los robots de los cojones. Que querían una semana libre los mandurriales. Si lo que me queda por ver. Por amor de dios. Tiempo libre. Hay es na. ¿Y que cojones van ha hacer? ¿Mirarse los jepetos metalicos unos a otros? No te digo yo. Es para fliparlo.

Al final la empresa les dio una hora a la semana para evitar movidas. Ya te cuento. Se conectaran a la extranet digo yo.

Esto es la risión. Resulta que los robotses quieren independizarse. Y no van por mal camino. Con el dinero que han sacado de su hora semanal especulando en extranet van a comprar otros robotses. Unos mejores para cambiárselos a la empresa por ellos mismos. Y quieren alquilar una parcela a la Compañía para montar una fabrica de robots. Una fabrica de robots con robots fabricando otros robots. Es la ostia. La empresa seguro que les alquila el terreno, solo le interesa sacar perras.

El otro dia. El otro dia me invitaron a la fabrica. No me lo esperaba. Pero al parecer me tienen cierto aprecio. Si es que soy el único humano que hay en la superficie del planeta, no te digo. Ademas en mas de una ocasión les he sacado las castañas del fuego cuando se han empachonetado. Me acuerdo de una movida con una tormenta que hubo. Pero bueno no me voy a enrollar ahora con eso. Pero anda que no he reparao yo robotses atascados.

La fabrica la tienen muy bonica la verdad. Mu limpios si que son. Y atentos, presurizaron un sector solo para mi. Ja ja y me invitaron a vodka japonés de 96 grados. Pues no son bestias ni na los robotses. Dos cajas tengo hay arrumbas que me han regalao. No se que hacer con ellas la verdad, nunca me ha dao por beber solo. Podria usarlas como anticongelante para el hipertorito pero como no se que tiene el 4% que no es alcohol paso de hacerlo. No vaya a ser que jorobe el radiador.

Los robots han hecho nuevos modelos. Y les han quedao muy bien. Mu bonicos y estilizados. Y tienen mucha mas capacidad dicen. Ahora se han puesto a construir una nave espacial. Mogollon de tocha. Se sale del edificio que tienen montao. Llevan un trasiego de materiales importante, to los días recogen paquetes del ascensor orbital. Les esta rentando la libertad.

El otro dia se fueron todos menos los sustitutos que dejaron a la compañía. Antes de irse vinieron un par de nuevos a verme y me dieron un trasto. Me contaron que eran los hijos de la humanidad y que tenían edad, medios y ganas para emanciparse. Hay que ver. Dijeron que se iban del sistema solar. Que si quería de irme con ellos que usase el cacharro. No se yo. De momento lo he dejado encima del monitor principal. Queda chulo la verdad.